TODOS SOMOS FLOYD..!

Un abuso policial que terminó con la muerte del afroamericano George Floyd, asombra al mundo por ocurrir en en pleno siglo XXI y en un país que se precia de respetar la libertad y los derechos. ¿Olvidamos ya la lucha de Martin Luther King? ¿El racismo sigue vigente en los EE.UU?

Las redes sociales una vez más vencieron al periodismo tradicional. Si un ciudadano no hubiera estado allí para grabarlo, quizá no nos hubiéramos enterado del crimen de Floyd y el policía asesino andaría campante en la impunidad.

OPINIÓN | Raúl Andrade Gándara | Mayo 30, 2020

A una hora de Rochester, mi actual residencia, están las ciudades gemelas, Minneapolis y Saint Paul, que han atraído la atención del mundo luego del tristísimo episodio de violencia de una patrulla policial en contra de un ciudadano de raza negra.

La grabación, incompleta pero desgarradora, revela el uso excesivo de la fuerza, la insensibilidad y la pasividad de un grupo social frente al sufrimiento de otro ser humano. Terrible. Como terrible ha sido la reacción de la comunidad frente al episodio.

Saqueo, destrucción de bienes públicos y privados, agresiones contra el personal policial son el resultado de un enfrentamiento permanente entre etnias, valores y contradicciones propias de un país tan grande y complejo.

La comunidad latina, importante en porcentaje e igualmente víctima en su mayoría de actitudes discriminatorias, ha elevado su voz de protesta frente al abuso de autoridad. Frente a todo esto, acudió a mi memoria algún comentario sobre lo complicado que resulta explicar estas contradicciones aquí y en todas partes.

«Defendemos la igualdad como discurso, pero miramos por encima del hombro a afroamericanos e indígenas».

En nuestro país, por ejemplo, defendemos a ultranza la igualdad como discurso, pero con frecuencia miramos por encima del hombro a afroamericanos e indígenas. Nos declaramos mestizos pero mantenemos con orgullo en casa heráldicos pergaminos europeos.

EE.UU, presunto paladín de la igualdad y protagonista de una guerra mundial en la que se combatió genocidios irracionales en nombre de la superioridad racial, mantiene una desigualdad entre blancos y negros conforme se acaba de confirmar en Minneapolis.

Los estallidos de violencia, más allá de su secuela de saqueos, son injustificables pero entendibles. Cuando la represión, explícita o encubierta, se convierte en el pan de cada día, y si es grabada por un ciudadano de a pié y viralizada por la implacables redes sociales, la reacción es siempre un caldero próximo a estallar con el menor estímulo.

«Los estallidos de violencia, son injustificables pero entendibles».

La generalización del rechazo para tomar partido a favor de un lado u otro, es también muy discutible. Esa fuerza policial que hoy se crucifica es la misma que se llama mañana para que los disturbios cesen. Esos manifestantes que hoy nos sirven para demostrar nuestro punto de vista son los mismos a los que pediremos mañana que se retiren y dejen los excesos.

Los organismos de Derechos Humanos -siempre parcializados-, lograrán un mayor presupuesto para sus necesidades de grupo y seguirán impertérritos pontificando sus tesis. Las minorías raciales que hoy son ensalzadas y defendidas seguirán mañana igual que antes, sin mejoras sustanciales ni oportunidades de progreso.

«Los organismos de Derechos Humanos -siempre parcializados-, lograrán un mayor presupuesto».

¿Y qué podemos hacer para que esto cambie?. Nombrar una comisión no es sino una estrategia para calmar los ánimos. Existen sobradas evidencias que comprueban que el dinero que se invierte para aquietar las aguas se reparte entre los cabecillas de la rebelión y los vendedores de armas de dotación para las fuerzas del orden. Y el fondo sigue intocado.

La tremenda brecha de desigualdad se ahonda por la misma dinámica de la economía. No hay un esfuerzo serio y allí sí focalizado para ayudar a los esratos marginales.

La inevitable reducción de la maquinaria estatal y su obligación de priorizar las necesidades inmediatas de la población tiene que tomar muy en cuenta su responsabilidad hacia el cambio de actitud con respecto a las minorías étnicas y sociales, para evitar estallidos cada vez mayores y proporcionarles herramientas reales para su desarrollo e incorporación a la sociedad.

«La redistribución del ingreso tiene como principal adversario al propio Estado».

Muy a menudo olvidamos que el bien común es una frase hecha, pero olvidada en la práctica. Que la redistribución del ingreso tiene como principal adversario al propio Estado, que astutamente acapara el dinero ajeno para su el usufructo de una privilegiada minoría y olvida que su fin último es llegar a millones de necesitados con servicios, oportunidades, con apoyo real y efectivo, no con dádivas temporales, demagógicas y siempre insuficientes.

Mientras cada dólar tributado sirva para pagar cuarenta centavos de burocracia (me refiero a pipones o parásitos políticos, no a los servidores de vocación y carrera), la ayuda efectiva será de sesenta centavos en el mejor de los casos. Si además le sumamos las coimas, los sobreprecios, el «acuerdo entre privados», los diezmos o sea la creciente corrupción, el saldo llega a niveles ínfimos.

«Mientras cada dólar tributado sirva para pagar cuarenta centavos de burocracia la ayuda efectiva será de sesenta centavos en el mejor de los casos».

La reducción de la intervención estatal en muchas áreas que pueden ser manejadas privadamente, para así lograr un alivio en las cuotas políticas y el despilfarro resultante, permitirá un ahorro sustancial en los gastos y re orientarlos hacia los grupos vulnerables y desposeídos. La salud es una prioridad inaplazable y sus carencias han sido desnudadas en exceso por la pandemia.

Lo demás puede esperar, reinventarse o recalibrarse. Menos propaganda y más acción efectiva. Es un clamor nacional.

«Floyd es un símbolo hoy, pero lo olvidarán mañana».

¿Se hará justicia en el caso de George Floyd? Esperemos que no gane la impunidad.

Floyd es un símbolo hoy pero lo olvidarán mañana. Pero el mensaje de abuso, rebeldía e inconformidad que provocó su muerte tiene que ser aquilatado y entendido en todo el mundo. Y nosotros no somos la excepción.

Aprendamos la lección y busquemos aplacar los abusos de lado y lado con una actitud más solidaria, más honesta y más humana. Todos necesitamos de todos.

Raúl Andrade Gándara | Mayo 30, 2020